Una vez cuando era pequeña escuché a un hombre comentar algo de que quería ser insensible y que prefería no tener ninguna sensación a sentir todas esas mil cosas que le pasaban por la cabeza. No le entendí, pensé que estaba chalado o que algún tornillo se le había soltado.
Pero ahora, y a lo largo del tiempo, entiendo a ese hombre. Yo tampoco quiero sentir. Estoy harta de llevarme ostias emocionales. No quiero tener nada que ver con ningún sentimiento ni de odio ni de amor, ni de tristeza ni de alegría, porque ya estoy harta de sufrir a escondidas. Y ahora es cuando comprendo, que no es a él quien le faltaba el tornillo sino que es a todas y cada una de esas personas que formamos parte de esta guerra de sentimientos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario