Eran sus labios con ese sabor a cerveza mezclada con ron o puede que fuera esa sonrisa cínica que tanto le definía. Tal vez, fuera la música que escuchaba o su capacidad de estar atento y entender cada una de mis ralladas. O esa cacheta de cuero que conjuntaba perfectamente con su personalidad, arrolladora pero a la vez cruel. O puede que fuera su manera de fumar los cigarrillos. Puede que fuera cada uno de sus defectos, los cuales llegue amar o cada una de esas virtudes que le hacían, al fin y al cabo, ser esa persona única que, sin querer, puso mi mundo de patas arriba. O puede que en el fondo lo hiciera por querer.

No hay comentarios:
Publicar un comentario