Este verano, unas buenas amigas, me adentraron ha un nuevo vició: Pereza.
Todo empezó una tarde de agosto en mi querido pueblo, Villanueva del Fresno. La gente se estaba desmadrando mas de la cuenta y yo, estaba demasiado estresada como para quedarme a ver como unos chicos hacían bromas absurdas , así que al ver que dos chicas se marchaban del lugar decidí seguirlas para despejarme un poco.
Entre tonterías y rumores llegamos a un parque que esta un poco lejos del centro del pueblo pero bonito.
El parque es de esa arena molesta que te entra por las sandalias y contiene unas mesas de picnics muy cómodas para tumbarte a mirar las millones de estrellas que hay en el universo.
Cuando nos sentamos en el banco, ellas que se conoces desde hace tiempo y que tienen gustos muy parecidos, me pusieron su grupo preferido Pereza y yo, que estaba como en mi mundo de fantasia no tube mas remedio que escucharlo y me enamore.
Me enamore de cada palabra que decía, cada melodía de guitarra tanto acústica como eléctrica que sonaba, cada gallo que hacia, cada nota que cantaba... No pensé que un grupo de rock español me pudiera gustar tanto. Y, una vez llegue a Mataró, lo primero que hice fue descargarme cada uno de sus discos y allí me di cuenta de que ya era demasiado tarde. Me había viciado completamente ha este dulce tan sano, Pereza.

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