miércoles, 16 de julio de 2014

Nada.

Nada. Soy nada. Soy esa piedra puesta en el camino de la gente, el áncora que no deja avanzar al barco, la llave rota colgada en algún colgante, la china en el zapato que molesta.
Nada. Soy nada. Fácil de olvidar y aún más de acordarse. Soy esa chica que siempre está bien. Esa que escribe por modas y sufre por masoquismo. Esa que huye cuando las cosas se ponen feas. Esa que huye y nadie persigue.
Nada. Soy nada. No soy el recuerdo feliz de alguien, ni la sonrisa favorita de él, Tampoco soy la chica con la que repetirías ni tampoco a la que presentarías a tu padres.
Nada. Soy nada. Soy esa que al final todo el mundo abandona. Soy esa que ni siquiera mi perro viene cuando le llamo. Soy esa que siempre te prestará ayuda pero que cuando la necesite yo, me tacharan de pesada.
Nada. Soy nada. Soy nada y inútil. Un estorbo para todo. Debí de ser muy mala para ahora sentirme así. Al fin y al cabo tenemos lo que sembramos. Puede que me lo merezca. Puede que huya. O puede que definitivamente me quede tal y como estoy. Ya que no me quedan fuerzas ni para moverme.
La nada es nada y yo soy esa nada.

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