Había llegado a la conclusión que los sentimientos nunca
desaparecen, llegan otros que los superan, los tapan o los esconden. Pero
siempre están presentes. Y mientras más reprimido esta, mientras más se trata
de evitar que alguien lo note, más grande e inevitable se vuelve. Mientras más
quería olvidarle, mas terminaba recordándolo.
No. No estaba
escapando, estaba admitiendo la derrota de una pelea que nunca se animo del
todo a pelear. Y estaba tratando de hacerlo con la dignidad un poco intacta,
porque el corazón ya no estaba entero.
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